martes, noviembre 24, 2009

Del taller/8: Ese monstruo - Gladys Cousté

Mientras me cepillaba los dientes esa mañana me vi en el espejo. Cerré los ojos. Apreté los párpados con las manos hasta casi hundirlos. Mi cara no era mi cara.

Aflojé la presión y me armé de coraje. Espié entre los dedos. No era yo. Eran pedazos de otra. Franjas de carne. La de arriba, inclinada a la izquierda, arrugas profundas, negras, como surcos en la tierra. La siguiente, unos ojos desorbitados. Una mirada fija, opaca. La tercera una placa chata. La nariz sin volumen. Una nariz por la que no entraba ni salía aire. La última, la boca torcida hacia la derecha en una mueca dolorida. Y el mentón largo y puntiagudo como el de una bruja.

Un frío me recorrió el cuerpo. Pegué las manos a la cara como un telón piadoso.

Cuando sentí fuerzas las retiré. Los ojos se abrieron desmesurados. Volví a mirar. Sentí una puñalada en medio del pecho que me quitó el aire. Siguieron puntazos afilados en las sienes, frente, ojos, nariz, boca. Su afán era mutilarme. Quizás matarme.

Me eché sobre la pileta para borrar la aparición. Ahuequé las manos, las llené de agua helada y sumergí la cara. Estuve en eso mucho tiempo, hasta que empecé a no sentir. Respiré aliviada. Con los ojos cerrados me sequé. Con los ojos cerrados me pasé los dedos por el pelo. Quedé inmóvil un rato largo. Al fin cuando tuve fuerzas me miré.

Lancé un grito y un puñetazo al espejo que se hizo añicos.

©Gladys Cousté

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