... que sólo toma en cuenta el punto de vista más craso y convencional. Ahora lo diré en español: casi siempre lo cursi es una tontería, o mejor dicho, no es una tontería sino algo quizás hondo y valioso pero que deja de lado todo el espectro de la experiencia y utiliza para la expresión nada más que ideas preconcebidas y gastadas. Traduciré mejor: lo cursi deja de lado una parte de la experiencia y lo que queda de ella, lo pinta con trazos gruesos.
Si yo digo (¡y no lo digo yo, eh! ¡por favor, es nada más que un ejemplo!):
"¡Por siempre serás mi amigo!"
Puede ser la expresión sincera de un sentimiento, o mejor dicho, de un momento emocional. Necesito (¡yo no, el del ejemplo!) creer que siempre querré como amigo a esa persona, bajo cualquier circunstancia.
Y, como ven, falta algo, dejé un aspecto afuera: el bajo cualquier circunstancia. La posibilidad de que sí pase algo que altere la cualidad de la relación.
Me dejé llevar (pero no soy yo, eh) por una idea vulgar y convencional sobre los vínculos: que éstos dependen enteramente de la voluntad de los involucrados y que si ellos son buena gente, jamás podrán dejar de quererse. Alcanza con que sean buenos y empeñosos y serán fuentes inagotables de amor.
Esto es desmentido todos los días por la realidad. En cualquier caso, los vínculos amistosos que perduran son aquellos donde la gente, además de quererse, pone cuidado y buen criterio.
Por lo tanto, lo cursi desmiente las varias caras de la realidad. Se queda con una, siempre la más dulce, no, la más dulzona y se regodea en ella.
viernes, mayo 05, 2006
domingo, abril 23, 2006
Del discutible (porque todo lo es) "Decálogo del perfecto cuentista"...
... del escritor uruguayo Horacio Quiroga:
IX
No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino.
Sí, es lo mejor que puede uno hacer. Y es el mejor punto del decálogo, en mi opinión.
Reléanlo varias veces, todas las que sean necesarias.
miércoles, abril 12, 2006
Hay formas de escritura (quizá todas) que reflejan...
... la autopercepción del cuerpo, esto es, la imagen corporal de la persona que escribe. Asi -y éste es el caso más evidente- cuando una mujer es bella -o se siente bella (tanto da)- su estilo tiende a la ostentación de las formas, muchas veces de la naturaleza, de un modo que no es menos erótico que inconsciente. Desde luego, ésto no es -no puede ser- un axioma; conozco mujeres bellísimas que escriben con la sequedad de un Ernest Hemingway. Pero, a menudo, las bellas, imaginarias o reales, se delatan por escribir en un estilo que jamás carece de formas abundantes, como abundantes son las palabras y el vocabulario.
miércoles, febrero 08, 2006
Veamos si alguien se anima...
... a escribir un relato cuya frase inicial será:
El tapón del pomo de pasta de dientes estaba tan firmemente enroscado que, esa mañana, al intentar abrirlo, casi se rompió una uña.
El tapón del pomo de pasta de dientes estaba tan firmemente enroscado que, esa mañana, al intentar abrirlo, casi se rompió una uña.
miércoles, diciembre 07, 2005
lunes, noviembre 28, 2005
martes, noviembre 22, 2005
Están abiertas las inscripciones...
... para los talleres del año próximo.
Parece mentira cómo pasa el tiempo.
Parece mentira cómo pasa el tiempo.
sábado, octubre 08, 2005
¿Eficacia literaria?...
... Que el lector al leer el texto sienta lo mismo que el escritor sintió mientras lo escribía.
Que lo sienta, no que lo entienda.
Traspaso de sensaciones en el cuerpo.
Que lo sienta, no que lo entienda.
Traspaso de sensaciones en el cuerpo.
miércoles, septiembre 21, 2005
Borges escribió que el libro es...
... "ese espejo que siempre nos revela otra cara". Creo que hay pocas definiciones mejores, no quizás del libro sino de la literatura.
sábado, septiembre 17, 2005
Me preguntan qué es la literatura fantástica...
... Me tienta responder que toda literatura es fantástica.
lunes, agosto 29, 2005
El sábado, Y. llegó más temprano que de costumbre...
...: no suele ser la primera en llegar. Pero abrí la puerta y era ella. Me sorprendí muy levemente, tan levemente como puede uno sorprenderse ante una situación sin mayor importancia. Y. llegando un poco más temprano, antes que los demás: inhabitual,sí, pero nada como para llenarse de asombro. La hice pasar. La hice esperar pues yo no había terminado de preparar el mate; la dejé en el living -lugar habitual de las reuniones del grupo- y regresé a la cocina. Creo que hay un motivo para que Y. no sea la primera en llegar; no quiere -y yo tampoco quiero, en el fondo- que estemos a solas. Nada sexual; no lo creo, al menos. Más bien un asunto de piel. Aunque la respeto y aprecio -e imagino que la recíproca existe-, nuestra comunicación no es fácil. Tal vez nunca es muy fácil en un taller literario de estas características; si bien mi obligación es intentar en todo momento esa comunicación, para que las cosas queden medianamente claras y no crezcan los sentimientos negativos imparables (esos que se incuban en todo grupo). Soy el coordinador no únicamente porque propongo y cuido la tarea, sino porque intento que los grupos humanos funcionen -para que pueda funcionar la literatura que surge de ellos. Mi pequeña teoría es que no se puede escribir libremente sin alguna confianza en los congéneres que nos leerán -en este caso, los compañeros del taller. Y que la confianza no siempre nace como el fruto de los árboles, es decir por orden de la naturaleza. Muchas veces hay que trabajar y desbrozar el camino. Bueno, me fui de tema. Hablaba de Y. Pero es que, de algún modo, lo que Y. traía para mostrarme -y la razón de su llegar temprano- tiene que ver con esta disgresión.
Porque Y. había publicado, por primera vez. Cuando llegué con el mate, me mostró la revista. Una linda presentación, gran tamaño, papel satinado, diagramación espaciosa, algo como de otra época, sin la horrenda pobreza actual del país. Y ahí estaba su cuento. Y. me recordó que habíamos trabajado mucho sobre ese texto. Era cierto. El año pasado. Una vez que el resto del grupo faltó. Trabajamos bastante a fondo la corrección de estilo. Y -me recordó también- ese había sido el primer texto suyo que a mí me había gustado. Por eso lo había elegido para presentarlo a la revista.
Más tarde todo el grupo miró la revista. Fue satisfactorio, es satisfactorio que los talleristas avancen, se animen, logren metas. Y cada vez sucede más. Todavía me sorprende la eficacia del taller, pese a que puedo proclamarla a los cuatro vientos.
Porque Y. había publicado, por primera vez. Cuando llegué con el mate, me mostró la revista. Una linda presentación, gran tamaño, papel satinado, diagramación espaciosa, algo como de otra época, sin la horrenda pobreza actual del país. Y ahí estaba su cuento. Y. me recordó que habíamos trabajado mucho sobre ese texto. Era cierto. El año pasado. Una vez que el resto del grupo faltó. Trabajamos bastante a fondo la corrección de estilo. Y -me recordó también- ese había sido el primer texto suyo que a mí me había gustado. Por eso lo había elegido para presentarlo a la revista.
Más tarde todo el grupo miró la revista. Fue satisfactorio, es satisfactorio que los talleristas avancen, se animen, logren metas. Y cada vez sucede más. Todavía me sorprende la eficacia del taller, pese a que puedo proclamarla a los cuatro vientos.
jueves, agosto 18, 2005
Una observación...
... a la que no sé si puede dársele carácter de ley general, aunque sí que es frecuente, al menos para mí, al menos en mi propia escritura y en la de mis talleristas: lo mejor nunca es lo más característico. Es decir: el mejor cuento, poema, lo que fuera, de un autor, no se parece mucho a su producción habitual. Si alguien suele ser gracioso, su mejor obra es seria. Si alguien tiene inquietudes sociales, su mejor obra carece de ellas. Si alguien parece simple su mejor obra es compleja. Podría abundar en ejemplos como éstos. Y -reitero- debería investigar mucho más como para siquiera darle el carácter de cosa general. Sin embargo, la frecuencia de la observación me ha estimulado a pensar, y he llegado a la siguiente conclusión (parcial y muy provisoria): es lógico que la mejor obra de un autor no se parezca totalmente al resto de su producción, ya que, justamente, se destaca por aquello que la diferencia, es decir, por aquella dimensión, nueva para ese autor, que apareció en ese texto. Hipotetizo entonces que el autor logró conectarse -vaya uno a saber cómo- con una dimensión psíquica que habitualmente permanece intocada durante su escritura. Y ese dimensión completa a aquellas otras que sí son habituales. No sé si es LA explicación, pero parece bastante buena.
jueves, junio 30, 2005
Aunque lo parezca, el oficio del escritor no es solitario...
... En primer lugar porque alguien leerá el resultado de la labor. En segundo lugar porque ni siquiera durante el íntimo momento de la escritura, está realmente solo. Quizás no está acompañado, la casa puede estar totalmente vacía, pero solo no, no está.
martes, mayo 03, 2005
Nunca hay que pensar en un tema...
... para empezar a escribir. Una sensación, un atisbo de inquietud, una imagen, un sabor, alcanzan. Hablar de "temas" es demasiado. Demasiado racionalista, demasiado intelectualizado, demasiado "importante". La literatura es importante, no "importante". El autor no sabe cuál es su tema. Sabe, sí -al menos al principio-, qué sensaciones le vienen al pecho y lo motivan a escribir. O no lo sabe sino que apenas lo intuye y el texto será el buceo en aquella intuición.
Nunca "temas". Éstos son posteriores a la escritura; son lo que se descubre como resultado de la escritura.
Ampliaremos.
Nunca "temas". Éstos son posteriores a la escritura; son lo que se descubre como resultado de la escritura.
Ampliaremos.
lunes, mayo 02, 2005
El maestro Mario Levrero (detesto llamarle "maestro"...
...; él era mucho más y mucho menos que eso) solía decir, con insólita razón, que para corregir siempre había tiempo. Que primero uno debía crear y luego -quizás bastante luego- dedicarse a corregir. Afirmaba que eran dos procesos muy diferentes, que requerían de una nítida separación en etapas. Digo que la razón que tenía era insólita, porque parece tan simple y obvia que uno se sorprende por no haber oído esa afirmación mucho antes, en labios de mucha gente. Y sin embargo, una y otra vez, compruebo que más bien se oye todo lo contrario, de muchos, de demasiados labios.
martes, abril 19, 2005
Siempre me extraña que los principiantes de la literatura...
... estén, por lo general, más dispuestos a ser insultados y perseguidos que estimulados y aplaudidos. Casi como si ingresaran sin permiso en una propiedad privada y se sintieran culpables.
domingo, abril 10, 2005
Empezaron los cursos en mi casa...
... Abril es el mes. Dos grupos particulares. Uno (los jueves a las 20 hs., durante hora y media) para gente que recién se inicia; que nunca antes había pasado por esta experiencia de taller. Otro (en discusión si los viernes a las 20 hs. o los sábados a las 10:30) para gente que ya pasó etc., etc. (también durante hora y media). $ 380 por mes (cuota fija) ambos. Quien se sienta convocado (pues aún se está a tiempo de integrarse) recurra al mail paredesc8@hotmail.com
Gracias.
Gracias.
miércoles, marzo 23, 2005
Una experiencia instructiva:...
...hoy, leyendo un blog de ésos a los que llego quién sabe cómo, me interesó una historia. Estaba más o menos bien narrada, más o menos bien escrita, tenía cierta gracia y, en general, mantenía la tensión. "Estos blogueros no son del todo malos", pensaba yo con algo de soberbia. Todo el tiempo buscaba errores en la escritura; a veces creía encontrarlos, en el ritmo, en la pintura de personajes o de situación... Sabía que tarde o temprano el inexperiente escritor y pretencioso bloguero iba a fallar. Al final de la historia, encontré una firma: Adolfo Bioy Casares. Era un cuento de Bioy, uno de mis escritores favoritos...
(Moraleja: el hábito no hace al monje, pero ¡cómo lo ayuda! Si yo no hubiera encontrado ese nombre al final, seguramente habría mantenido el ánimo crítico -criticón- hacia ese buen cuento).
(Moraleja: el hábito no hace al monje, pero ¡cómo lo ayuda! Si yo no hubiera encontrado ese nombre al final, seguramente habría mantenido el ánimo crítico -criticón- hacia ese buen cuento).
jueves, marzo 10, 2005
Definir qué NO ES la corrección de estilo...
... parece más importante que definir qué es. Existe el prejuicio de que la corrección es un conjunto de reglas a aplicar. Esto sólo es cierto en referencia a la gramática; en cuanto al estilo, NO. NO HAY REGLAS, excepto dos o tres y muy flexibles y violables (como corresponde a la actividad artística).
Digamos por el momento que las siguientes NO SON REGLAS (aunque es habitual confundirlas con tales -y peor aún, con axiomas):
-ESTÁ PROHIBIDO UTILIZAR LOS ADVERBIOS TERMINADOS EN "MENTE",
-ESTÁ PROHIBIDO REPETIR PALABRAS O FRASES
-ESTÁ PROHIBIDA LA CACOFONÍA.
Empecemos por el principio: nada está prohibido. Prohibir ciertos usos del lenguaje es -además de fascista- absurdo. Es mutilar el uso de un recurso expresivo.
Sólo cabe el BUEN USO, nunca la prohibición.
Digamos por el momento que las siguientes NO SON REGLAS (aunque es habitual confundirlas con tales -y peor aún, con axiomas):
-ESTÁ PROHIBIDO UTILIZAR LOS ADVERBIOS TERMINADOS EN "MENTE",
-ESTÁ PROHIBIDO REPETIR PALABRAS O FRASES
-ESTÁ PROHIBIDA LA CACOFONÍA.
Empecemos por el principio: nada está prohibido. Prohibir ciertos usos del lenguaje es -además de fascista- absurdo. Es mutilar el uso de un recurso expresivo.
Sólo cabe el BUEN USO, nunca la prohibición.
martes, marzo 01, 2005
Por fin, mi taller virtual...
... llamado El Puente Virtual, está abierto en http://www.librosademanda.com
El mail es elpuente@librosademanda.com
Además, hay en el sitio un comentario sobre mi libro y, como ya dije, una biografía de autor.
El mail es elpuente@librosademanda.com
Además, hay en el sitio un comentario sobre mi libro y, como ya dije, una biografía de autor.
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